13
Feb
Rumbos
Sigo sin entender a la gente. O a mí. Uno cambia, uno tiene otra perspectiva, uno busca ser más liviano, uno busca complicarse menos… ¿Qué resulta? Nada. Nada porque la gente hace sin pensar, oye sin escuchar, va por la vida como si fuera tan liviana como una pluma cuando vamos, es más grande que NADA.
Definitivamente yo no tengo esa livianidad de la vida. No la adquirí. Y justo ahora que me siento “lista” para cualquier cosa, no logro entender qué es lo que sigue. ¿Lista para quién? ¿Para qué? Lista para voltear a ver que a los demás les vale un carajo que tú sigas despertando a la vida, porque ellos están en el limbo (y seguirán).
Lista -eso sí- para darme cuenta que el único gran acierto y error que he cometido es confiar tanto en los demás y creer en la gente. Lista para saber que de hoy en adelante se trata de mí, de mí y sólo de mí.
